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Cuando se produjo el proceso de unidad socialista, hace más de 30 años, alguien escribió que el PSC ponía los cuadros y el PSOE, los electores. El trato era favorable a ambas partes, porque el PSC de los Obiols, los Serra y los Raventós tenía una cantera magnífica de dirigentes, pero una presencia escasa en los sectores sociales del cinturón industrial donde se suponía que había las bolsas electorales para el socialismo. Pero el PSOE, que tenía buen cartel en estos sectores, con la imagen de Felipe González delante, tenía en Catalunya pocos cuadros y una organización muy frágil.
Tres décadas después, eso ha cambiado mucho. A pesar de que hay gente en la sede central del PSOE que cree que las cosas son aún hoy como entonces y que el electorado del PSC es en realidad propiedad del PSOE, que obtendría en Catalunya el mismo resultado presentase a quien presentase, porque sus electores no votan unos cuadros locales sino la marca del socialismo español.
Esto no es cierto, a estas alturas. En 30 años, los cuadros provenientes del PSC han generado también un electorado propio: el ejemplo más claro fue Pasqual Maragall –había un voto específicamente maragallista–, pero lo son también Joaquim Nadal, Montserrat Tura, Antoni Castells o Marina Geli. Por otra lado, han aparecido dentro del PSC cuadros potentes que entroncan con el espíritu de la Federación Catalana del PSOE, como podrían ser Celestino Corbacho o Carme Chacón. Y han aparecido los llamados capitanes, con el presidente José Montilla al frente, que son quienes mandan y que representan sin duda un PSC diferente del de Obiols o Maragall, pero ya no son solo la franquicia del PSOE en Catalunya, sino que tienen una estrategia, unos objetivos e intereses específicos y propios, que pueden llegar a entrar en contradicción con los del PSOE en Madrid.
Por lo tanto, no es cierto hoy en día que el PSC ponga los cuadros y el PSOE, los electores. La realidad socialista es mucho más compleja, con actores nuevos. Pero algo queda de la lógica de hace 30 años. Hay una parte del electorado socialista en Catalunya que va a las urnas pensando en Zapatero, como pensaba antes en González. Pasa más en las elecciones españolas, pero también un poco en las catalanas.
Es por eso que el proceso de caída sostenida de la imagen pública de Rodríguez Zapatero ha generado preocupación electoral en los socialistas catalanes, a pesar de que a menudo hayan llegado a confrontarse. Hay una parte de su electorado que irá o no irá a votar en las elecciones catalanas según cómo esté la cotización del líder del PSOE en aquel momento. Por ello, para el PSC no es una buena noticia que a estas alturas, entre su electorado potencial, Zapatero cotice a la baja.

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